Los primeros días tras dar a luz suelen venderse como un idilio de algodón de azúcar, pero desde la psicología perinatal sabemos que la realidad es un terremoto emocional y fisiológico. Es una etapa de vulnerabilidad extrema donde conviven la luz más brillante y las sombras más densas.
Aquí te comparto una visión honesta sobre lo que ocurre en esa «nebulosa» del postparto inmediato:
1. El mito del flechazo instantáneo
Existe una presión social enorme por sentir un amor arrollador nada más ver al bebé. La realidad es que el vínculo es un proceso, no un interruptor. Si lo que sientes al principio es desconcierto, cansancio o simplemente una necesidad biológica de cuidado sin esa «magia» esperada, no estás rota. Estás conociendo a un extraño mientras tu cuerpo intenta sanar.
2. No es depresión, es biología
Entre el tercer y quinto día, la caída de estrógeno y progesterona es muy grande. Es normal sentir:
- Ganas de llorar sin motivo aparente.
- Irritabilidad.
- Ansiedad por la responsabilidad.
- Si esto dura más de dos semanas o te impide realizar actividades básicas, entonces sí debemos buscar apoyo profesional. Pero en esos primeros días, es tu cerebro reajustándose.
3. La transformación de la identidad
Mucho se habla del nacimiento del bebé, pero poco del nacimiento de la madre. Tu identidad anterior queda en pausa y la nueva aún no se ha asentado. Es lógico sentir nostalgia por tu vida de antes; reconocerlo no te hace «mala madre», te hace humana.
4. El papel del entorno
Aquí el papel de tu pareja, amigas o familia es crucial. No necesitamos visitas que quieran sostener al bebé mientras tú haces café; necesitamos personas que laven los platos o traigan comida para que tú puedas sostener al bebé (o dormir).
No te fuerces a ser la «supermujer» que recibe a todo el mundo con una sonrisa. Tu prioridad es la recuperación física y la regulación emocional. Si necesitas cerrar la puerta y pedir silencio, permítetelo sin culpa.

Deja un comentario